Es racó des PT

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La "Síndrome de l'emperador" (I)

Recentment una companya de feina m'ha xerrat d'aquesta síndrome de “l'emperador”. Després de cercar informació, resulta que és una definició de allò que abans es deia nins tirans...

Recordem que una síndrome és un conjunt de característiques que defineix una malaltia i/o per extensió una psicopatologia. He trobat aquestes referències en Internet, com sempre donen molt poques o cap indicació de tractament a l'àmbit educatiu, inclús hi ha que relacionen als afectats d'aquesta síndrome amb trets psicopàtics i per tant necessitats d'una ajuda psiquiàtrica professional.

Pequeños tiranos que maltratan a los padres

Los especialistas debaten si el síndrome del emperador se debe a carencias educativas o hay también factores genéticos
J. C. AMBROJO - Barcelona - 20/06/2006

http://www.elpais.com/articulo/salud/Pequenos/tiranos/maltratan/padres/elpsalpor/20060620elpepisal_1/Tes

Son pequeños tiranos, niños que desde pequeños insultan a los padres y aprenden a controlarlos con sus exigencias, hasta convertirse en una pesadilla para ellos. Cuando crecen, los casos más graves pueden llegar a la agresión física. Este tipo de violencia contra los padres, oculta por la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad de los propios progenitores, comienza a ser un fenómeno cada vez más visible. Los padres están desbordados, no saben qué hacer con estos niños. Pero, ¿por qué un niño es capaz de agredir a unos padres que no son negligentes? Estas conductas, ¿son fruto de carencias educativas o intervienen factores psicopáticos? ¿Son simplemente niños caprichosos, malcriados, a los que nunca se les ha negado nada, o existe un trasfondo emocional en el que intervienen factores genéticos?

Los psicólogos recomiendan a los padres poner límites a sus hijos desde bebés.
Los niños tiranos tienen dificultades para sentir culpa y mostrar empatía.

La mayoría de los expertos defiende la primera teoría, pero otros sostienen que los factores educativos no explican todos los casos. En familias no marginales, el origen de este trastorno no está en los padres, asegura Vicente Garrido, psicólogo criminalista y profesor titular de la Universidad de Valencia: "Muchos de estos padres no son permisivos, ni tampoco negligentes, y no provienen de un contexto marginal. Son de clase media y se han ocupado de sus hijos. Otra cuestión diferente es si podrían haberlo hecho mejor", afirma Garrido, autor de un libro sobre la materia: Los hijos tiranos. El síndrome del emperador.

El elemento esencial del síndrome del emperador es, según él, la ausencia de conciencia: "No hay sentimiento de vinculación moral o emocional, ni con sus padres ni con otras personas o instituciones", aunque a veces pueden establecer lazos de amistad por conveniencia. Excluye de este síndrome a los niños que han vivido episodios de violencia doméstica, los que sufren esquizofrenia y también los malcriados, "que tienen conciencia (los valores y creencias que utilizamos para guiar nuestro comportamiento y que está basado en esas emociones)".

¿Qué produce este síndrome? Según Garrido, son niños que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales. La genética interacciona con el ambiente, pero en algunos casos su peso se hace sentir más, afirma. "Por ejemplo, en el trastorno del déficit de atención con hiperactividad (TDAH), sabemos que el componente genético es muy importante y el ambiental lo puede compensar hasta cierto punto. En el síndrome es parecido".

"El sistema nervioso de estos chicos", continúa, "por alguna razón tiene problemas para aprender las lecciones morales, para sentir empatía, compasión o responsabilidad. Y, como consecuencia de esto, tienen problemas para sentir culpa, una reacción emocional que sólo puede existir sobre la base de que previamente me he vinculado con la gente. Podré fingir que lo lamento, pero en el interior a mí me da igual. Como consiguiente, hay una ausencia de conciencia".

Javier Urra, autor de otro libro (El pequeño dictador) y psicólogo de la Fiscalía de Menores del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, discrepa de las tesis de Garrido: "La herencia marca tendencia, pero lo que cambia el ser humano es totalmente la educación, sobre todo en los primeros años, en los primeros meses y días, incluso antes de nacer, es muy distinto si eres un hijo deseado o no, si eres un padre relajado o agresivo". En la etnia gitana, explica, es imposible que un hijo pegue a su madre, pero en España "algunos psicólogos y pedagogos han transmitido el criterio de que no se le puede decir no a un niño, cuando lo que le neurotiza es no saber cuáles son sus límites, no saber lo que está bien y está mal. Ésa es la razón de que tengamos niños caprichosos y consentidos, con una filosofía muy hedonista y nihilista".
La violencia de estos pequeños tiranos hacia sus padres proviene, según Urra, de que a veces el padre maltrata emocional, verbal e incluso físicamente a la madre, y el chaval lo aprende. "Coincido con Garrido en que educar hoy en día es muy difícil; los padres utilizan el modelo microondas, cuando los buenos platos se cocinan a fuego lento. Además de no poner límites, los padres se pierden los primeros años de vida del niño. Los lóbulos frontales, donde está el área emocional, se desarrollan en los tres primeros años de vida". Los casos más graves, añade, son los que llegan a la fiscalía: "Niños que golpean a la madre, la ridiculizan, hacen sus necesidades fisiológicas en el baño mientras ella se ducha...".

El factor clave a tener en cuenta para saber si hay algo más que carencias educativas es, según Garrido, si aparecen o no rasgos de personalidad psicopática, básicamente insensibilidad emocional, falta de conciencia, falta de empatía y ausencia de culpa. Cuanto más grande sea ese núcleo, mayor será la capacidad de violencia del niño.

Según Javier Urra, si tienes un niño pequeño que hace lo que quiere, que piensa que todos a su alrededor son unos satélites, que a los dos años no ayuda a recoger los juguetes, que jamás se pone en lugar del otro, aprende que la vida es así y la madre es una bayeta que sirve para ir detrás de él. "Si eso no se frena, cuando tiene 16 o 17 años se desborda: exige mucho dinero y cuando un día la madre dice no, no lo tolera. Lleva 17 años oyendo que sí a todo. ¿Cómo que no?, dice. Entonces la empuja contra la pared, le tira la comida a la cara, la amenaza. En la fiscalía hemos recibido de enero a septiembre del año pasado 6.500 denuncias contra menores, y eso que los padres casi nunca denuncian. Denuncian los médicos o los vecinos".

¿No se puede hacer nada con este trastorno? "La personalidad es difícil de cambiar, pero no el autocontrol", afirma Garrido. Hay niños con bajas puntuaciones en humanidad, insensibilidad emocional y empatía, pero no son violentos porque han aprendido a autocontrolarse. Lo que se puede cambiar es la conducta.

El hecho de que los hijos se vuelvan agresivos contra los padres es relativamente reciente y sólo aparece en determinadas culturas, indica Miguel Ángel Soria Verde, psicólogo forense y profesor del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Barcelona. "No es un tema patológico, sino que tiene aspectos sociales y culturales que van a facilitar esa agresividad". En su opinión, sólo hay patología mental en el 10% de este tipo de agresiones. La mayoría de los llamados niños tiranos han sido criados sin límites familiares ni sociales.
"Las normas no van con ellos", dice Soria Verde. "Son niños difíciles de controlar, pero difícilmente puedes decir que un niño de siete años tiene la personalidad formada de un adulto", sostiene. Tampoco los ve como psicópatas en el sentido estricto del término: "¿Cómo pueden ser duros en casa y fuera unas bellísimas personas?". Lo serían, dice, si ese comportamiento se produjera en todos los ámbitos, y no sólo en casa. Normalmente, los niños van forzando los límites que les ponen los padres para poder encontrar los suyos. Si no los encuentran, no los tendrán. A los niños, en general, añade, se les ha generado como motivación básica la idea de que tienen derecho a todo. No les enseñamos a frustrarles, en la escuela no les ponen nunca un cero, y cuando pasa lo ven como un castigo del profesor, la culpa del fracaso personal siempre es del otro. Puede ser, continúa Soria Verde, que el niño no pueda expresar los sentimientos de otra forma que no sea a través de la violencia. Ante la misma situación familiar de descontrol-sobreprotección, unos niños reaccionan siendo muy dependientes, otros aislándose. "Mi idea es que previamente esos críos tienen la sensación de que han sido dejados de la mano de Dios. La primera situación violenta es explosiva, ni los padres ni el crío mismo se lo esperan, y cada vez recurre más a la violencia, va sofisticando la manipulación y acaba controlando a sus padres, hermanos e incluso otros familiares".

Para Soria Verde, es difícil determinar si los rasgos psicopáticos de algunos niños tiranos "son la causa o el efecto". Cree que la empatía también se cultiva. "Son niños que no han aprendido a respetar a los demás", dice. Asegura que en su trabajo como perito no ha visto niños de cinco o seis años con rasgos autoritarios o maquiavélicos. Cuando un niño agrede, es porque busca "una sensación de poder y dominio, no la violencia por sí misma". Donde haya afecto, intercambio de experiencias vitales y comunicación, no se da esa violencia, asegura.

Garrido discrepa en parte. Dice que ahora se tiende a señalar a los padres como responsables de todo, como si se pudiera moldear a un hijo como se moldea la arcilla. "Uno no puede hacer lo que quiera con sus hijos. Si fuera verdad sería el paradigma del conductismo radical. Pero cada niño tiene su temperamento, sus peculiaridades y sus cualidades: la educación no lo es todo", afirma. La vergüenza hace que muchos padres de hijos violentos lo mantengan oculto. Y cuando acuden a los profesionales, tienen muchas veces la sensación de que se les responsabiliza de la conducta de sus hijos: temen que les digan que no han sido capaces de educarles.

Para prevenir el síndrome del emperador, Garrido recomienda desarrollar la conciencia y la culpa, "que forman parte de nuestro patrimonio como seres humanos y que hemos sustituido por la tolerancia que, sin conciencia, no es nada". Aconseja estar atento a los síntomas precoces, establecer límites muy claros y no dejar nunca de ejercer la autoridad. Conviene enseñar desde la primera infancia que los actos positivos, el altruismo, la generosidad, compensan: darles la oportunidad de sentirse bien por hacer algo positivo. "Puesto que son niños con una imagen tan alta de sí mismos, conviene cultivar en ellos un ego positivo, de modo que puedan sentirse superiores, no por ejercer la violencia, sino por su actitud constructiva".

¿Y qué hacer cuando tenemos un joven ya asentado en este comportamiento violento? Primera norma: no permitir que mande el chico, los padres deben volver a ganar espacio y proteger a los inocentes, en ocasiones hermanos pequeños, que son maltratados. Y, por supuesto, deben pedir apoyo en servicios especializados.

De 23 denuncias a 216
El fenómeno de los hijos violentos va en alza. Un estudio que Vicente Garrido, profesor de la Universidad de Valencia, ha realizado en algunas Comunidades Autónomas muestra que el promedio de casos se ha multiplicado por ocho.
En Cataluña, las fiscalías de menores tramitaron 216 denuncias de padres a sus hijos (de 14 a 18 años) durante el año pasado y 178 en 2004; pero en el año 2001 sólo habían sido 23, según el estudio "La violencia de los jóvenes en la familia: una aproximación a los menores denunciados por sus padres", realizado por el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña.
Actualmente, estas denuncias representan el 3,73% de los 6.000 expedientes abiertos en la justicia de menores en Cataluña.
Según este informe, la madre es la víctima en el 87% de las ocasiones y principalmente recibe agresiones (puñetazos, patadas, empujones, intentos de ahogo, etcétera), aunque también son agresiones verbales y, en el 13,8% de los casos se añade la intimidación con un cuchillo, por ejemplo. En el 55% de los casos, las causas de las agresiones se deben al hecho de no aceptar la autoridad y no cumplir las normas; en un 17%, por exigir dinero.
Francisco Romero, trabajador social de Justicia Juvenil de la Generalitat y coautor de la investigación del Centro de Estudios Jurídicos, afirma que no cree que en la mayoría de estos casos exista un síndrome. Más bien considera que han aprendido la violencia en el entorno familiar.

¿Cuáles son los indicadores para preocuparse o sospechar que tiene usted un 'hijo tirano'?

  • Se muestra muy caprichoso y monta grandes 'pataletas' (puede llegar incluso a autolesionarse).
  • Es un manipulador nato y siempre acaba consiguiendo lo que quiere.
  • Tiene muy poca tolerancia a la frustración.
  • No asume las consecuencias de sus actos. Todo lo malo que pasa es culpa de los demás. Por ejemplo, no pueden entender que uno les ha pisado sin querer; consideran que ha sido a propósito y por tanto hay que devolver el pisotón. Y si es él quien ha pisado a alguien, no es culpa suya, sino del otro por meter el pie debajo.
  • Les cuesta muchísimo seguir las normas, parece que no van con ellos. De hecho, habitualmente no las cumplen.
  • Se muestran agresivos con las personas que se interponen en su camino para conseguir lo que desean. Lo más habitual es que se muestren agresivos con sus padres, aunque a veces también con sus compañeros o profesores. Insultan, pegan puñetazos o patadas, escupen, rompen objetos...
  • Les cuesta mucho integrarse en un grupo de iguales.
  • Suelen tener amigos de conveniencia nada más.
  • No muestran arrepentimiento o culpa. Es como si no aprendiesen de las consecuencias.

Si usted observa más de uno de estos rasgos en su hijo no dude en consultar con un especialista y pedir ayuda lo más pronto posible.






Estos niños se caracterizan por:

1. Elevada insensibilidad emocional. El elemento esencial del síndrome del emperador es, la ausencia de conciencia: “No hay sentimiento de vinculación moral o emocional, ni con sus padres ni con otras personas o instituciones”. Son niños que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales.
2. Poca respuesta al castigo (son los que menos responden a las pautas educativas).
3. Focalización elevada en metas egocéntricas.
4. Baja empatía y dificultad para desarrollar sentimientos de culpa.
5. Ausencia de apego a los padres y adultos.
6. Umbral alto para la sensibilidad moral.
7. Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.
8. Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regañinas y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.
9. Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.
¿Qué produce este síndrome?

Según Garrido, son niños que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales. La genética interacciona con el ambiente, pero en algunos casos su peso se hace sentir más, afirma. Existen determinados elementos del ambiente que pueden influir en agravar este problema:
  • Ausencia de intervención en edades tempranas.
  • Padres poco preparados.
  • Ausencia de ayuda pública.
  • La existencia de una sociedad “tóxica” en la que se premia la violencia y la gratificación inmediata.

¿Qué podemos hacer para prevenir el síndrome del emperador?

  • Debemos estar atentos a los síntomas precoces, establecer límites muy claros y no dejar nunca de ejercer la autoridad.
  • Dedicar más tiempo a su desarrollo moral y emocional.
  • Fomentar la empatía y la capacidad de realizar actos prosociales.
  • Hablar con ellos sobre las consecuencias de sus acciones en los demás.

¿Cómo enfrentarse al síndrome?

1.- Desarrollar de manera intencionada y sistemática las emociones morales y la conciencia de los hijos, dándoles oportunidades para que practiquen actos altruistas y que extraigan lecciones morales.

2.- Establecer límites firmes que no toleren la violencia y el engaño.

3.- Prestar ayuda para que desarrollen habilidades no violentas que satisfagan su gran ego.

Generalmente se transforman en agresores de mujeres, parásitos sociales o acosadores en el trabajo. Es gente muy resentida porque el mundo no se ajusta a sus necesidades.

Aquesta és una breu descripció: (informació presa de la xarxa)

Existeixen diversos tipus de violència però els mes esmentats són el maltractament a la dona, el maltractament als nens o als ancians, però pocs sabem sobre els pares que són maltractats pels seus propis fills i que duu el nom del "Síndrome de l'Emperador".

Es deu a les manques de tipus educatiu i a qüestions genètiques, la proporció és discutida encara. La falta de límits fa que els nens s'asseuen "reis". Se senten déus, amos del món, "emperadors" i especialment dels seus pares, a qui poden controlar i mantenir a la seva disposició amb els seus constants crits i capritxos.
La majoria dels especialistes coincideix que aquest fenomen és una forma d'expressió per part del nin. "Un nin que maltracta als seus pares, en el fons, vol dir alguna cosa i parla amb el cos en comptes d'utilitzar la veu. Són nins que evidencien una greu falla en la funció paterna" encara que hi ha qui no considera que els pares sempre siguin els responsables de tot i fa una vinculació genètica amb aquesta patologia.
"L'element essencial d'aquests nins és l'absència de consciència, perquè no tenen sentiment de vinculació moral o emocional, ni amb els seus pares ni amb altres persones" En definitiva, la lluita dels nins que pateixen la síndrome de l'emperador és contra la llei, conegut en el psicoanàlisi com el "super Jo"; és a dir, l'autoritat que estimula el seu desenvolupament en el context d'una societat. "Quan els pares no poden transmetre-li la llei als seus fills hi ha una absència de límits. Això influeix en la personalitat d'aquests nins".

Com tractar-lo: Desenvolupar la consciència i la culpa, establir límits clars i no deixar mai d'exercir l'autoritat és la clau per a prevenir la síndrome de l'emperador. Quan un nin agredeix està a la recerca d'una sensació de domini Però es culpa als progenitors, la qual cosa a vegades és una injustícia, perquè s'ignora que la gent té una estructura biològica i genètica determinada. Els propis pares creuen que els seus fills serien diferents si els haguessin educat d'una altra manera. I en aquests casos, és un error. Vénen preocupats a les consultes, generalment amb vergonya i amb por. Desconeixen les causes del que els ocorre i se senten com en un atzucac. De vegades són insultats, amenaçats i vexats pels seus fills durant anys, però ho callen. No diuen gens. Si denuncien el que els passa, rebran l'estigma de pares negligents, malcriadors o permissius. Fer-lo és reconèixer el seu fracàs com educadors i això molt dur. Els casos més extrems registren agressions greus i, fins i tot, el parricidi.
Tal vegada hem vist o conegut casos que coincideixen amb les característiques anteriors i ara que ja sabem com es diu, que ho ocasiona i sobretot saber que existeix un tractament psiquiàtric i/o psicològic, i que és millor no deixar-lo passar per a evitar que succeeixi una tragèdia.

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Entrevista a Vicente Garrido:
Altres:
(bon resum i recomanacions si obviem això de les floretes de bach...)
(Critica del llibre de Vicente Garrido)

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