Deures, la polèmica continua:
A ver, yo no estoy de acuerdo con la eliminación de los deberes, y pregunto:
¿Empezamos por redurir el currículum ? No, la LOMCE lo ha aumentado en cantidad !!
¿ Aumentamos los horarios de clase aún más? No, imposible.
¿Podemos, con el tiempo del que disponemos, el temario extenso y los
medios a nuestro alcance hacer las clases más "prácticas", más
"competenciales" ? No.
¿Se evalúa al alumno por sus "competencias" o por su rendimiento ? Va a ser que lo segundo...
¿Es cierto que se pueda afrontar la secundaria, como pretende el
profesor del escrito, con las "cuatro reglas" leer y escribir? Va a ser
también que no... Máxime cuando en secundaria se aumenta el número de
asignaturas y de deberes aún más si cabe y se siguen enseñando cosas
totalmente inútiles para alguien que no pretenda seguir haciendo
bachillerato..
¿Se hacen necesarios los deberes tal y como está el sistema educativo montado? Sin duda.

Siento no haber escrito nada en mucho tiempo, la batalla que he
emprendido por poner un poco de sentido común en el tema de los deberes
escolares me ha mantenido muy ocupada. Seguro que muchos ya sabéis que
he abierto una petición en
change.org para que se modere la carga de deberes de los niños españoles.
Cuando redacté la petición y la subí a la plataforma no tenía ni idea
de la repercusión que iba a tener. Ni de la cantidad de gente que iba a
conocer. Es muy gratificante leer los comentarios de la gente que apoya
mi petición, y mucho más encontrar a profesores comprometidos,
preocupados y lo suficientemente valientes como para hacer declaraciones
tan claras como la que os voy a presentar a continuación.
Alfonso González Balanza es el autor del artículo que veréis más abajo.
Es profesor de Biología y Geología en Secundaria,
estudia Humanidades en la UNIR, y sobre todo es padre, como yo, de tres
niños. Alfonso decidió imprimir su artículo y pegarlo en el tablón de
anuncios del centro donde trabaja, y donde asisten a clase sus hijos.
Creo que ha sido muy valiente y se merece que se reconozca su valor,
además de que le agradezcamos lo que ha hecho. Es un granito de arena
más en esta lucha por la felicidad de los niños, por su tiempo y por su
derecho al juego libre. Os dejo ya con su artículo:
Yo confieso
La inmensa mayoría de los maestros (mis compañeros de profesión)
considera que los deberes son absolutamente necesarios. Muchos estarían
dispuestos a discutir sobre la cantidad adecuada, pero que hay que
mandar deberes no se lo cuestionan; es algo tan evidente como que en
invierno hace frío y que en verano hace calor. Digamos que es el orden
natural de las cosas. Los maestros deben mandar deberes y los niños
deben hacen deberes por la misma razón que la Tierra da vueltas
alrededor del Sol y las plantas florecen en primavera: porque así ha
sido siempre y porque así debe ser. La maldición bíblica “ganarás el pan
con el sudor de tu frente” está tan arraigada en nuestra cultura que la
hacemos extensible a los niños. La vida es dura; en este valle de
lágrimas no estamos para disfrutar, sino para sufrir.
A casi cualquier maestro que le preguntes por la conveniencia de
mandar deberes a los niños te contestará, igual que se recita un mantra,
que los deberes cumplen tres funciones: refuerzan lo aprendido, enseñan
responsabilidad y crean un hábito de trabajo. Y de ahí no los vas a
sacar. Eso es lo que hicieron con ellos sus maestros, eso es lo que les
han enseñado en la escuela de magisterio y eso es lo que harán hasta que
se jubilen. No importa que nuestro país, año tras año, esté a la cola
de los países avanzados, en cuanto al rendimiento escolar se refiere, a
pesar de que nuestros alumnos sean los que más días de clase tiene al
año y más horas dedican a los deberes en casa. Da igual que todos los
estudios internacionales demuestren que los países en los que menos
deberes se mandan (o en los que directamente están prohibidos por ley)
sean los que mejores resultados obtienen; da igual que todas las
investigaciones serias hayan demostrado que los deberes no sólo no
sirven para nada, sino que pueden ser perjudiciales. Para muchos de mis
compañeros de profesión tales estudios son una patraña de pedagogos
progres que no quieren que a los niños se les transmita la cultura del
esfuerzo.
Frente a esos argumentos repetidos por tantos profesores, mi experiencia me dice que
los deberes son inútiles, antipedagógicos, profundamente injustos y,
lo que es peor, impiden a los niños realizar otras actividades mucho más importantes. Pero en primer lugar voy a explicar por qué, a mi juicio, tales argumentos son una falacia y un sofisma.
¿
Hábito de trabajo? Si dedicar 9 meses al año, 5
días a la semana y 5 horas diarias a la realización de tareas escolares,
para un niño de entre 6 y 11 años, no es suficiente para lograr un
hábito de trabajo, que alguien me explique qué se necesita para lograr
ese hábito. Niños en edad de correr y jugar, están sentados en una silla
de madera 5 horas diarias realizando tareas aburridas y repetitivas,
mientras exigimos que estén en silencio y concentrados. Cuando los
profesores asistimos durante nuestra jornada laboral a una charla de más
de una hora, nos retorcemos en nuestros asientos y miramos el reloj con
desesperación, a pesar de que somos adultos y se nos supone una mayor
capacidad de autocontrol y sacrificio, ¡por no mencionar que nos pagan
por ello! Mi hija de 8 años, por ejemplo, dedica al trabajo muchas más
horas que yo y que absolutamente todos los profesores que conozco (y
conozco muchos).
¿
Responsabilidad? Existen muchas formas de enseñar
responsabilidad, y no sólo la de cumplir con la obligación de hacer
deberes; sin olvidar que no podemos exigir responsabilidad a quien por
su edad no es responsable de su tiempo ni de sus circunstancias. La
responsabilidad se adquiere progresivamente, y me parece normal empezar a
exigirla en la ESO, pero no en Primaria: el tiempo del que disponen los
niños por la tarde o los fines de semana no depende de ellos, sino de
sus padres.
¿
Refuerzan lo aprendido? Un niño de 11 años sólo
necesita saber sumar, restar, multiplicar, dividir, escribir
(correctamente) y leer (con fluidez), para afrontar con éxito la
Secundaria. ¿Eso no se puede aprender en 6 años de trabajo diario en
clase?
Los niños no refuerzan lo aprendido en clase por la tarde: lo aborrecen.
Hasta que no tuve hijos, y estos empezaron a estudiar en Primaria, no
me di cuenta de la suerte que tuve de ir a un colegio en el que no se
mandaban deberes hasta la 2ª etapa de E.G.B. (de 6º en adelante) y, la
verdad, no me ha ido nada mal en mis estudios posteriores.
Y ahora voy a explicar por qué sostengo que
son injustos e inútiles:
para empezar, los deberes que se mandan son los mismos para todos los
niños, independientemente de su capacidad y circunstancias personales.
Esto es, por definición, absurdo e injusto: si mi hija, que está en 1º
de ESO, no hubiera tenido unos padres profesores (y por lo tanto con
estudios y MUCHO tiempo para dedicarle) no habría obtenido los
resultados tan buenos que obtuvo en Primaria. Pero a pesar de toda la
ayuda que le hemos dado, mi hija ha dedicado cientos de horas a realizar
tareas escolares absurdas y repetitivas. Porque la mayoría de las
actividades incluidas en los libros de texto se basan en la repetición,
en el aprendizaje memorístico al pie de la letra, en copiar
mecánicamente y en seguir unas pautas de realización muy concretas, que
no dejan margen ninguno a la creatividad, y que logran destruir la
curiosidad de los niños. Además, las tareas que mandamos, en muchos
casos, no siguen criterio pedagógico alguno: he podido comprobar cómo el
número de ejercicios o de trabajos que tenía que hacer mi hija en una
asignatura, aun teniendo al mismo profesor, variaba enormemente de un
año para otro por el mero hecho de que, al cambiar de editorial, el
nuevo libro tenía muchos más o muchos menos ejercicios que el del año
anterior. Es decir, que los profesores mandamos todos los ejercicios que
vienen en el libro, sin plantearnos cuántos o cuáles son los
necesarios: si son diez, diez, y si son veinte, veinte (y, por supuesto,
HAY que hacer todos los ejercicios y dar todos los temas del libro). Y
este no es un problema del colegio de mis hijos (de cuyos profesores,
excelentes profesionales, no tengo, por otra parte, ninguna otra queja),
sino que es un problema generalizado de nuestra profesión.
Pues bien,
yo confieso
que he hecho docenas de ejercicios de Matemáticas a mi hija (si, por
ejemplo, le mandaban cinco divisiones, ella hacía una y yo cuatro) le he
dictado montones de ejercicios de “Cono”, le he traducido incontables
páginas escritas en Inglés, le he ayudado con decenas de ejercicios de
Lengua y le he hecho muchos trabajos de diferentes asignaturas (mi
mujer, además, le ha ayudado a terminar incontables láminas de dibujo y
trabajos manuales). ¡Y no me arrepiento! Lo he hecho para que mi hija
tuviera una infancia feliz y durmiera todos los días 10 horas. Gracias a
eso, mi hija es una niña sana, además de una gran deportista, le
encanta leer y escribir por puro placer, juega al ajedrez, toca la
guitarra y es una niña abierta y sociable que ha jugado cientos de horas
en la calle. Y si ahora que está en la ESO puedo asegurar que no le
ayudo nada en absoluto y sigue sacando muy buenas notas, ¿eran
necesarios todos esos deberes que le mandaron y no hizo? ¿Qué pasa con
todos los niños cuyos padres trabajan mañana y tarde y, además, no tiene
estudios para poder ayudar a sus hijos? Pues simplemente que este
sistema educativo injusto, que coarta la libertad y la creatividad de
los niños, los margina irremediablemente y los señala como niños
irresponsables y fracasados, a la vez que los hunde con negativos, ceros
y castigos, y les mina la autoestima, haciéndoles creer que no sirven
para estudiar.
Si las circunstancias familiares de cada niño son distintas, todo lo que se mande para casa es, por definición, injusto,
y condena al fracaso a miles de niños cuyos padres no tienen tiempo, ni
capacidad, para ayudar a sus hijos con los deberes escolares.
Pero además, los deberes son
antipedagógicos porque
hacen que los niños odien estudiar y aprender. A la mayoría de los niños
les encanta ir al colegio, pero no soportan hacer deberes; para los
niños estudiar y aprender es un castigo (mis hijos no pueden entender
que yo siga estudiando por placer). Eso es lo que hemos conseguido
mandando deberes hasta lograr el hastío de los niños.
Y lo peor de todo:
los deberes ocupan tanto tiempo que los
niños no pueden realizar otras actividades mucho más importantes para su
desarrollo físico y psíquico; los profesores hemos logrado que
los niños lleven una vida igual de sedentaria que los adultos, con el
consiguiente problema, convertido ya en epidemia, de obesidad infantil
generalizada.
Y es que los maestros no mandamos una actividad en concreto, un día
en concreto, tras una meditada reflexión, por considerarla necesaria
para conseguir un determinado objetivo que es imposible lograr con el
trabajo de clase, tras plantearnos los pros y los contras y pensar de
qué modo podemos lograr que nuestros alumnos se motiven con dicha
actividad (en vez de considerarla un castigo), sino que lo hacemos de
manera automática; porque sí, porque es lo que se supone que hacen los
maestros.
Yo propongo que, siguiendo la lógica de mis compañeros maestros, los
equipos directivos de los centros nos manden trabajo durante las
vacaciones, para que no perdamos el hábito de trabajo adquirido durante
el curso. Y que cuando asistamos a un curso de formación, nos manden
deberes para el día siguiente con el fin de afianzar los contenidos del
curso.
Muchos compañeros me comentan que son los padres los que exigen que
se manden deberes a los niños. ¡Pues claro! Para muchos padres los
deberes son la forma de que sus hijos estén ocupados y no les molesten
pidiéndoles ir a la plaza a jugar. Muchos padres querrían que los niños
estuvieran en el colegio hasta las 8 de la tarde, y, por supuesto que
hubiera clase los sábados y que los niños siguieran yendo en julio al
colegio. ¿Por qué no les hacemos caso en eso también?
¿Y qué deberían hacer, a mi juicio, los niños después de la jornada
escolar? Pues según todos los estudios científicos y pedagógicos, está
absolutamente demostrado que los mayores beneficios para el desarrollo
neurológico y cognitivo de los niños se obtienen con las siguientes
actividades: Deporte, Arte (Música, Dibujo…), Juego (imprescindible para
la socialización de los niños y para desarrollar la creatividad),
Idiomas y Lectura. El arte, la filosofía, la ciencia, la literatura, la
música y todas las actividades más elevadas realizadas por el ser
humano, son consecuencia directa del mayor logro conseguido por la
humanidad: el tiempo de ocio.
Por lo tanto, los niños deberían pasar más tiempo con sus familias,
jugar con otros niños (a ser posible en la calle) y
practicar deporte,
todos los días;
aprender a tocar un instrumento musical, practicar una lengua
extranjera y jugar al ajedrez, varios días a la semana. Y, sobre todo:
leer, leer, leer, leer, leer…
Sólo se debería mandar de deberes, en Primaria, leer todos los días el
libro que ellos elijan. Y al día siguiente, en el colegio, hacer una
redacción contando lo que han leído. Nada más; el resto de actividades
se deberían hacer todas en clase. Si intentamos reducir el número de
deberes no cambiaremos nada: todos los maestros están convencidos de que
ellos mandan muy pocos deberes; sólo eliminándolos por completo
lograremos acabar con esta sin razón.
Alfonso González
Lo que los deberes han conseguido ha sido unir a miles de personas en un fin común, despertar el interés de los medios de comunicación,
hacer que padres como Alfonso confiesen,
que profesores como Alfonso digan claramente lo inútiles que son los deberes y que se reflexione sobre el estilo de vida que el sistema educativo impone a niños y a familias enteras.
Por favor FIRMA si no lo has hecho ya. Pincha
aquí por el cambio que necesitamos.
Gracias por compartir y difundir este artículo.
Foto que ilustra este artículo del usuario
Bart, bajo licencia Creative Commons, en Flickr.